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Con la decisión unánime de la Junta de Gobernadores de Educación Superior favoreciendo a estudiantes indocumentados en las universidades públicas del estado, el Gobernador Lincoln Chafee ha enviado un mensaje contundente a quienes han querido despertar el furor anti-inmigrante de los habitantes del estado para atacar su gestión.
Quizás lo más sobresaliente de este episodio ha sido la audacia del gobernador al ignorar el proceso legislativo e implementar la medida mediante un proceso administrativo.
Dicha medida, presentada por primera vez en la Cámara de Representantes del Estado hace casi una década, nunca tuvo posibilidad en la legislatura. Aún cuando una mayoría de Representantes admitan en privado que era justa y apropiada, pocos se atreven a apoyarla públicamente por temor a sufrir las represalias de un electorado xenofóbico y apremiado por la crisis económica actual.
El gobernador entendió esta dinámica y apostó a que lo mejor sería tramitar esto ahora, cuando su gestión apenas cumple diez meses, y no dentro de un año cuando el espectro de la reelección limitará su capacidad de tomar decisiones políticas arriesgadas.
La respuesta iracunda de muchos comentaristas y residentes ha sido contundente. Aún cuando a ningún líder político le gusta ser atacado, también es cierto que la memoria colectiva suele sufrir de amnesia profunda.
Chafee está apostando a una gestión productiva y exitosa. De lograrlo, poco le importará a los votantes del Estado en el 2014 una medida tomada en septiembre del 2011.
Más allá de que es una medida justa, el estado se beneficiará a largo plazo de contar con una empleomanía calificada y profesional. El gobernador entendió eso y actuó.
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