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Poco o nada tienen que ver las vidas y las carreras profesionales de Tiger Woods y Rory McIlroy. Poco o nada tendrá que ver lo que le suceda al norirlandés a partir de ahora con lo que ha pasado el californiano en los últimos 10 años, pero las comparaciones, por odiosas, son inevitables y necesarias, sobre todo si sirven para despertar al Tigre de su letargo una vez se recupere de sus problemas físicos.
Dos son las cuestiones que ahora se plantean en torno a la fi-gura de Rory McIlroy. Primero: ¿Está en posición de pensar en igualar/superar los récords de Tiger Woods e, incluso, los de Jack Nicklaus? Y, segundo: ¿Es el norirlandés la nueva megaestrella del golf mundial por encima del californiano? Preguntas que sólo tendrán respuesta con el tiempo, aunque sus resultados más recientes dicen que Rors ya podría tener tres grandes en su palmarés y es un jugador que, con 22 años, ya ha aprendido las lecciones más importantes en los majors.
Se recuperó tras los 80 golpes de la segunda jornada del British Open de la pasada temporada, cuando el primer día había firmado una espectacular tarjeta de 63. Levantó la cabeza después de quedarse fuera del playoff en el que Martin Kaymer cazó el US PGA ante Bubba Watson. Y, sobre todo, aprendió toneladas de lecciones al caer de forma estrepitosa en la última jornada del Masters de Augusta de este año. Aprendizaje que le ha servido para templar los nervios y adquirir una experiencia valiosísima durante el pasado fin de semana. Ni un atisbo de nervios ni de ansiedad. Perfecta conjunción con su juego para arrasar en el Congressional Country Club y vencer por ocho golpes de diferencia.
Una victoria que le llega a los 22 años, 10 meses y medio mayor que Tiger
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