Octavio Gomez
Patricia Rivera es una sobreviviente de violencia doméstica que ahora trabaja para ayudar a otras víctimas.
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Credito Foto: Octavio Gomez
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Patricia Rivera es una sobreviviente de violencia doméstica que ahora trabaja para ayudar a otras víctimas.
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Arelis Peña Brito
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PROVIDENCE.- Patricia Rivera es un vivo ejemplo de que las heridas sicológicas que deja la violencia doméstica son mucho más profundas que cualquier cicatriz sobre la piel. Habiendo logrado sobreponerse a dos relaciones abusivas y siendo, como es hoy, consejera de otras mujeres que también son víctimas de agresión, el dolor de la experiencia vivida aflora con intensidad a ratos, y hace que su voz se quiebre cuando intenta explicar cómo fue que logró salir adelante a una historia de 25 años de terror.
Su viacrucis comenzó siendo ella apenas una adolescente. Tenía 17 años cuando unió su vida a la de un hombre que más tarde se erigió en su verdugo. Liberada del laberinto emocional en el que estuvo atrapada por una década, decidió darse una segunda oportunidad en el amor, con la desventura de que otra vez volvió a caer en las redes de una relación abusiva que le tomó otros quince años deshacer.
"Yo pasé por todos los tipos de violencia doméstica: verbal, emocional, física, financiera y sexual. Nosotras nos llamamos sobrevivientes porque hay efectos que duran para toda la vida", expresa Patricia, de nacionalidad puertorriqueña, madre de cinco hijos y quien hoy cuenta con la edad de 47 años.
Dice que el temor a que sus hijos salieran perjudicados fue la parte más difícil en el proceso de tomar la determinación de abandonar a su agresor. "A veces me cuestiono y me pregunto ¿por qué no salí antes? Yo tenía miedo de que él matara a mis hijos y me dejara viva a mí para sufrir eso, pero al final es como si me los hubiera matado porque sus emociones no sirven. El mayor
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