que el supermercado estaba a una esquina de su casa".
La violencia doméstica lleva también un ciclo, y es progresiva. Una mujer que contó su experiencia en SOAR relató que su esposo comenzó puyándola en los costados con el dedo índice. "Es jugando", le decía a ella. Luego vinieron unas cosquillas molestosas y agresivas, a las que siguieron los empujones, después las cachetadas, hasta terminar en trompadas. "Es una táctica que el abusador usa, de ‘normalizar’ todo lo que hace, de minimizarlo, para convencer a sus víctimas de que ellos no están haciendo nada malo y que el problema lo tienen ellas", explica Recalde.
La incidencia de los casos de violencia doméstica genera preocupación en las instituciones que como SOAR abordan el tema. "En nuestro sistema hay muchas fallas y estamos trabajando para cambiar eso, impulsado la modificación de algunas leyes. En nuestro Estado estrangular a una persona, por ejemplo, es considerado un delito menor. Hay que cambiar eso. También hay un proyecto que busca garantizar la seguridad de los niños que son víctimas de violencia doméstica.
"Tenemos que tomar la violencia en serio. Dejar de verla como un asunto de familia y empezar a tratarla como un problema de la comunidad", manifestó Recalde, al tiempo de expresar su deseo de que el abordaje de esta problemática se haga de manera integral.
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