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Editorial
Publicado el 02-04-2011

Hora de cambio en Egipto

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Las protestas en Egipto contra el régimen de Hosni Mubarak ponen en peligro el delicado equilibrio en el Medio Oriente, al mismo tiempo que coloca a Estados Unidos de nuevo en el dilema de respaldar un aliado autocrático o reconocer la necesidad de una transición llena de incertidumbres.

Los planes del presidente de 82 años de edad, con 30 años en el poder, de establecer una dinastía familiar con su hijo Gamal se han esfumado, mientras que la designación del jefe de inteligencia, Omar Suleiman, como vicepresidente prepara una transición. Los días de Mubarak en el poder están contados.
Egipto es la nación árabe más numerosa de la región, con una población ya cansada de la pobreza y la corrupción.

El Programa Alimenticio Global de la ONU describe a ese país como una nación de bajo ingreso con déficit de comida y donde más de 14 millones de personas ganan menos de un dolar al día.
Las condiciones económicas, sin lugar a duda, condujeron a las protestas masivas cuya represión ya dejó decenas de muertos y cientos de heridos.

La amenaza de una radicalización en Egipto por parte de extremistas musulmanes es muy real en la medida que continúe la inestabilidad.

A río revuelto ganancia de pescadores. Todo esto coloca en una complicada situación a la administración Obama que busca promover reformas ante los nuevos acontecimientos, pero su influencia es limitada a pesar de tener a Egipto, y Mubarak, como
un aliado principal en su estrategia hacia el Medio Oriente. Al mismo tiempo, otros aliados árabes, no más democráticos que Mubarak, siguen de cerca la reacción estadounidense ante esta crisis.

Las protestas ya han causado un giro irreversible dentro de la política egipcia, habrá que ver si esto conduce a una transición hacia un sistema más abierto y económicamente justo.

El fracaso costará un alto precio para Egipto y toda la región.

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