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El mensaje anual del presidente Obama sobre el Estado de la Nación no pudo ser más claro. El déficit es un serio problema para Estados Unidos, pero también lo es la baja creación de empleos y la pérdida de competitividad en los mercados internacionales. La estrategia nacional a seguir debe ser más amplia que el simple recorte de presupuesto, por más grande que éste sea.
El mandatario dio una visión abarcadora de los numerosos retos que enfrenta el país, en momentos en que surgen indicios de una mejoría económica que se refleja en Wall Street y en las ganancias del sector privado, pero que todavía no llega a generar los millones de empleo perdidos en la Gran Recesión. El saldo negativo de la balanza comercial, por su parte, sigue marcando la falta de competitividad de la mano de obra estadounidense y de sus productos.
Este es un camino de dos vías. Por un lado el congelamiento de gastos no esenciales ayudará a controlar los números rojos. Por el otro lado, se requieren inversiones federales en la educación y en infraestructura para elevar la competitividad estadounidense.
No creemos que la palabra inversion gubernamental es un sinónimo de derroche y mal gasto como lo aseguran quienes se oponen a ella. Si se realiza adecuadamente, esta inversion puede ser de gran ayuda para salir de la crisis actual.
Lo cierto es que no hay recuperación económica exclusivamente a través de recortes presupuestales. De esta manera se puede reducir el tamaño del gobierno y limitar las funciones que realiza, pero de por sí esto no ayuda a la generación de empleos y mucho menos a preparar una fuerza laboral que sea competitiva en el mercado global.
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