En Irak han muerto 4.446 soldados estadounidenses.
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Washington - Once años después del 11-S, Estados Unidos ha perdido el interés por la guerra contra el terrorismo. En su discurso de aceptación de la nominación, el candidato a la presidencia del Partido Republicano, Mitt Romney, no hizo ni una sola referencia a los 68.000 soldados que siguen combatiendo en Afganistán.
Aunque eso le ha valido un artículo de William Kristol -el líder del sector 'neoconservador' del Partido Republicano, es decir, partidario del intervencionismo— criticándole, la omisión ha pasado en gran medida desapercibida.
Barack Obama, por su parte, insistió en que "para 2014, nuestra guerra más larga se habrá acabado". El presidente incluso habló del conflicto como si ya fuera algo del pasado, cuando mencionó "dos guerras que nos han costado miles de muertos y un billón de dólares".
La 'Guerra contra el Terrorismo' es un término que creó el Gobierno de George W. Bush el 16 de septiembre de 2001, en una intervención en la que también calificó el esfuerzo militar de 'cruzada'. A partir de la derrota republicana en las elecciones al Congreso de 2006, la expresión empezó a caer en desuso, y desde marzo de 2009, ya con Barack Obama, el nombre oficial es "contingencias militares en el extranjero".
Sea cual sea el término, la guerra que comenzó hace once años y está ahora empezando a terminar ha salido cara. Lo primero, en términos humanos. Los atentados provocaron, según fuentes oficiales, 2.996 muertos, incluyendo a los terroristas (algunos creen que la cifra real podría ser mayor porque algunos inmigrantes ilegales que trabajaban en el World Trade Center nunca fueron reclamados). Por cierto, entre ellos había unos 100 musulmanes y alrededor de 300 judíos, lo que desmonta la locura conspiratoria de que los miembros de esa última comunidad fueron advertidos aquel día de que
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