Por Arelis Peña Brito
CRANSTON.- “Yo tenía todo: carrera, dinero, carro, apartamento, licencia de conducir -que la perdí por seis meses- un trabajo bueno, que no voy a poder recuperar nunca jamás, ¡y lo perdí todo!”. Así describe Dania Carranza el impacto que ha causado en su vida la adicción al alcohol, de la cual trata ahora de recuperarse mientras ve pasar los días dentro del infausto lugar al que también la condujo la bebida: la cárcel.
Carranza, de 35 años y madre de tres hijos, se encuentra cumpliendo condena en la prisión de Mínima Seguridad del Centro Correccional de Adultos(ACI, siglas en inglés), de esta ciudad, acusada de atropellar a un hombre mientras conducía en estado de embriaguez.
Nació en Providence, hija de madre guatemalteca y padre puertorriqueño. Gracias a su carrera en Administración de Negocios, que cursó en el Community College of Rhode Island, ella era jefa de contabilidad en un hotel de renombre en el centro de la capital del estado. Ganaba un buen sueldo que le permitía vivir con cierta holgura y comodidades
Tras la ruptura de la relación con su última pareja se entregó a una “vida loca”. Quería hacer todas las cosas que antes no hizo, explica ella, y fue así que le dio por tomar bebidas alcohólicas y salir a los clubes con amigos. Hizo amistades con personas más jóvenes y comenzó a tomar todos los fines de semana.
“Yo empecé con cerveza, después tequila. Pasé a whiskey, ron, Hennesy, después comencé a mezclar. En un día yo tomaba cinco bebidas diferentes pero luego eran diez, y si la barra tenía especial de tragos, entonces eran más. A veces hacía
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