Michelle Obama, durante su discurso anoche en Charlotte.
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Charlotte - Michelle Obama subió este martes al podio de la convención demócrata con el aura de estrella que a su marido se le escapa. La primera dama lo tenía más fácil que hace cuatro años y aprovechó su popularidad para 'vender' la empatía que el presidente tiene con los votantes porque él ha "vivido" el sueño americano desde abajo.
"Barack sabe lo que es que una familia sufra", dijo la popular primera dama, que fue recibida con gritos histéricos de entusiasmo y fue jaleada en casi cada párrafo de su media hora de discurso. Consiguió arrancar coros de "yes we can!" varias veces y gritos de "¡te quiero!" y "¡el vestido es maravilloso!". Miles de banderolas decían "nosotros amamos a Michelle".
En Charlotte, la muchedumbre de delegados, invitados, voluntarios y reporteros se disputaban un rincón para atisbar algo. Mientras, el presidente veía a su esposa en televisión con sus hijas desde la Casa Blanca e intentaba "no llorar".
Sin mencionar al republicano Mitt Romney, Michelle buscó marcar un claro contraste con el inversor millonario con fama de no entender los problemas de los ciudadanos tanto como el presidente, según dice la mayoría en las encuestas. La primera dama recordó que Obama es el hijo de una madre soltera que sufrió para pagarse los estudios y el nieto de una mujer que se levantaba cada día al alba para coger el autobús y trabajar en un banco en el que veía cómo se quedaba atrás frente a sus colegas hombres. Michelle también habló de los créditos que ella y su marido contrajeron para ir a la universidad y cuyos pagos superaron durante años a su hipoteca. "Éramos tan jóvenes, estábamos tan enamorados... teníamos tantas deudas", dijo, con una pausa bromista que encantó al entregado público.
La moraleja
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