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La idea de establecer un museo nacional dedicado a la historia, herencia y contribuciones de los hispanos en EEUU es genial. Su implementación, sin embargo, será difícil. Sólo un grupo políticamente moderado, muy bien intencionado y astutamente diplomático podrá atravesar el terreno minado que representa el intentar asociar la experiencia estadounidense de 21 nacionalidades de habla castellana bajo un mismo rótulo: American Latino. (Si el continente es llamado América, entonces todos, excepto los españoles, somos americanos. Pero eso ya es tema para otra columna). Como expresé el domingo pasado, sería preferible que el posible museo, todavía en una embriónica etapa de consulta, sea arropado por la institución del Smithsonian, y erigido en Washington D.C. No obstante, aunque llegue a crearse y cuente con varios pisos y salones de exhibición, siempre se quedará corto. Hará falta más de un edificio para conservar, proteger y mostrarle al mundo el patrimonio cultural, viviente e histórico, con que más de 50 millones de hispanohablantes han contribuido a este país. Una solución segura, que desde un principio debiese formar parte del plan maestro para la creación de este museo, sería incluir la opción de su ampliación mediante ramas temáticas; las que el tiempo, los fondos y el interés público puedan ir acomodando. De esta manera, podrían construirse otros museos bajo el mismo nombre, con diferentes tipos de colecciones en distintas ciudades de mayoría hispana. Estas servirían más directamente de musas a sus comunidades específicas. Quizá hasta se pudiese seguir el ejemplo de la afamada Fundación Guggenheim, cuyo patronato auspicia colecciones de artes plásticas en los museos de siete ciudades internacionales. Uno de los museos bajo la matriz del American Latino, por ejemplo, pudiese ser dedicado específicamente a clasificar y exhibir objetos que contribuyeron a la colonización española de EEUU. Pudiese edificarse en Nuevo México, California o San Agustín, Florida, e incluir excavaciones sacadas de misiones católicas y tesoros recuperados de galeones coloniales hundidos en las costas estadounidenses a partir de 1575. La influencia hispanohablante en la música de este país tendría que ser mostrada en su propio museo, para el que bien serviría de anfitrión la ciudad de Nueva York. Fue ahí donde algunos de los géneros más autóctonos de la música norteamericana, el big band y el jazz, se popularizaron con el influjo de la música afrocubana. Un museo dedicado exclusivamente a la inmigración de los hispanos, parecido al que alberga Ellis Island, correspondería a ciudades como Los Angeles, San Diego o El Paso. Ahí donde las señales de tráfico advierten sobre el cruce de inmigrantes indocumentados, y los autodenominados extremistas Minutemen acechan la frontera para disparar criminalmente contra mexicanos desesperados. Indudablemente, se necesitaría todo un salón para desglosar la Operación Pedro Pan, la ola migratoria suscitada desde el puerto marítimo del Mariel y el subsiguiente oleaje balsero cubano. Miami, considerada por muchos la capital de Latinoamérica, pudiese albergar la rama artística del American Latino. Anfitriona de Art Basel, la feria de arte más significativa del mundo, y cuna de una importante camada de artistas hispanos de renombre internacional, fácilmente pudiese llenar el vacío actual de un museo representativo del arte latinoamericano. Tan delirante sueño no es exclusivamente mío. Surgió de una reciente conversación con el reconocido galerista y profesor del conservatorio New World School of the Arts, Fredric Snitzer, quien por años ha promovido el arte hispano. Tal museo, de acuerdo a Snitzer, beneficiaría económicamente a Miami de la misma manera que cada año lo hace Art Basel. Aunque desgraciadamente los políticos buscan fondos multimillonarios para templos deportivos, pocos se subirían a un avión para venir a ver jugar a los Marlins. Pero, según Snitzer, existe el turismo de museo. Del que muchos podemos atestiguar. Además, otros museos como el MoMA (Museo de Arte Moderno) de Nueva York ya cuentan con una extensa colección de arte latinoamericano, seleccionado meticulosamente durante décadas, que le pudiese prestar indefinidamente al museo de Miami. El MoMA no tiene espacio para exhibirla. La comisión federal de 23 miembros, que en estos momentos escucha opiniones sobre la posible construcción del museo nacional American Latino, debería considerar algunas de estas recomendaciones. Sus inspiraciones algún día pudieran llegar a concretarse en ladrillo y cemento.
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