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Política y sentido de pertenencia comunitaria

Política y sentido de pertenencia comunitaria

Luis Peralta
Ser hispano en USA

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A la historia de la democracia política de los Estados Unidos, no le faltan ejemplos de comunidades que emergieron de la exclusión y la pobreza, a ser parte integral y dominante de la gran sociedad estadounidense. Y uno se pregunta, ¿cómo hicieron para sobreponerse, primero, a su condición migratoria, y segundo a su condición de excluidos sociales? No soy historiador ni sociólogo, pero el sentido común parece enseñarnos, entre otras cosas, que esas comunidades, que alguna vez fueron emergentes, jamás perdieron mirada del camino al desarrollo y al progreso educacional, económico, y político.

Y es que estos tres elementos sustanciales, están ineludiblemente conectados; para alcanzar un desarrollo fuerte, y una inserción auténtica e indisoluble, no podemos prescindir de ninguno de ellos. Pero existe, en adición, otro aspecto que es determinante en la configuración de una visión definida y clara de lo que una comunidad aspira; me refiero a la unidad intrínseca, la obediencia inexorable que debemos al sentido de pertenencia, al grado de consciencia y de entrega que nos ate a ese espacio singular y único, que es el universo entrañable de nuestra ascendencia y realidad cultural.

Todos los grupos que han progresado, han conservado intacto y bien protegido ese sentido de pertenencia, que hace a cada uno de los representantes, compromisarios en la búsqueda de un propósito común, tan importante y vital como la existencia individual de cada uno de ellos. Lo que esto genera, es un inviolable compromiso de participación y contribución, que nunca separa lo educacional de lo político ni de lo económico, puesto que como grupo excluido o semi-excluido, o emergente, o como ustedes quieran llamarlo, solo alcanzamos fuerza real cuando afirmamos consciencia en la necesidad de desarrollarnos en esas tres vertientes, sin ningún menosprecio de alguna de ellas.

Nunca menospreciaría el hecho inobjetable de que hemos alcanzado cierto estado de madurez con relación a las necesidades que tenemos y a los pasos necesarios para satisfacerlas; pero no estoy convencido de que hayamos logrado— inequívocamente—el acompasamiento necesario para ver sin titubeos el espinoso camino que nos toca recorrer. La comunidad latinoamericana de Rhode Island, y de modo particular, de Providence, tiene una visión escindida acerca de su realidad social.

Por esa misma razón, luce tan disgregada en materia de participación y de compromiso político. Hemos dividido el sendero al desarrollo político en una multiplicidad de caminitos, a través de los cuales nos dispersamos, para buscar, con sentido manifiesto
de individualismo, cierta forma de progreso personal, que aunque no deja de ser necesaria e importante, tiende a disgregar el propósito que debe unirnos para volvernos fuertes como comunidad.

Desde el punto de vista de ese individualismo retardador, muchos de nosotros no somos capaces de vislumbrar la oportunidad extraordinaria, que significa derribar una barrera política que supondría el hecho concreto de ganar la Alcaldía de Providence, la capital de Rhode Island. No pensamos en ello, porque estamos entretenidos con las oportunidades que el oportunismo político nos ofrece. Un oportunismo de doble filo, y origen múltiple, ya que somos parcialmente responsables de su nacimiento, y de alimentarlos con nuestra vana pretensión de reconocimiento político, aunque de lo que se trate sea de una búsqueda calculada de retrasar nuestro ascendente desarrollo político como comunidad.

Con relación a nuestro sueño de crecimiento político, tenemos una magnífica oportunidad en alguien que representa todo lo que uno, en general podría aspirar. Ángel Taveras, el pre-candidato demócrata, de origen latinoamericano, que intenta, con bríos excepcionales, dar vida a nuestra aspiración común, constituye un ejemplo de lo que todos quisiéramos para nuestros hijos. Todos nosotros tenemos la oportunidad de construir el progreso político, educacional, y económico que merecemos.

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