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Los datos no mienten. El flujo de inmigrantes indocumentados a Estados Unidos ha venido disminuyendo desde el 2007 y el número de indocumentados en Estados Unidos se ha reducido. Esto es lo que dice el informe del Pew Hispanic Research Center del 1ro de septiembre. Y aunque el informe no especula sobre las posibles causas de la declinación ni hace recomendaciones para la formulación de políticas, deducir el por qué de las disminuciones y entender lo que el país necesita para reparar el desvencijado sistema migratorio nacional es relativamente sencillo. Empecemos por los datos del informe. El flujo anual de indocumentados a Estados Unidos entre el 2007 y el 2009 disminuyó en dos tercios. Mientras que durante los primeros cinco años de la década entraban ilegalmente al país 850 mil personas al año, entre el 2005 y el 2007 el número bajó a 550 mil y se redujo a 300,000 en el 2009. Al mismo tiempo, y en gran medida por la disminución en el número de entradas nuevas, se redujo en un 8% el número de indocumentados en el país, es decir, de 12 millones que había en el 2007, bajó a 11.1 millones en el 2009. La declinación más drástica, 22%, fue de migrantes de países del Caribe y de Centro y Sudamérica. La población mexicana en EEUU se ha mantenido estable, aun cuando sí ha disminuido considerablemente el flujo de nuevos migrantes. En la primera mitad de la década entraban ilegalmente unos 500,000; hoy se calcula que son unos 150,000 al año. Un último dato muy relevante del informe es que el número de indocumentados que actualmente trabaja en el país oscila entre los 7 y los 7.8 millones, es decir, los indocumentados constituyen el 5.1% de la fuerza laboral, y Nevada, California y Texas son los estados en los que más se les emplea. Ahora bien, ¿por qué vienen menos inmigrantes a buscar trabajo y por qué algunos de ellos se regresan a sus países? Por varias razones, pero es evidente que el estado de la economía y los altos niveles de desempleo han incidido en el fenómeno y ahora hay menos personas dispuestas a abandonar su país buscando mejores horizontes económicos en EEUU. Así mismo, las industrias en las que trabajaban los migrantes: la construcción, la manufactura, la hotelería y los restaurantes, son quizá las que han recibido el golpe más duro en términos de desocupación laboral. Para los grupos que abogan por restringir la inmigración al país, lo que la disminución del flujo de inmigrantes significa es que con paciencia, y negándoles trabajos, escuelas, hospitales y licencias de conductores, poco a poco se irán a su casa, voluntaria o involuntariamente, los 11 millones de personas indocumentadas, y que por ello que no se necesita ni la deportación masiva ni la reforma migratoria ni mucho menos la legalización. La tesis es mentirosa porque ignora la historia y la condición humana. Es evidente que conforme empiece a darse la recuperación económica en EEUU se reanudará el flujo migratorio. En este sentido, la única solución perdurable y por ello indispensable es aprobar una reforma integral que regularice a los trabajadores indocumentados y dé pasos positivos para facilitar su integración total. Una reforma que establezca las bases para regular el flujo ordenado de los trabajadores que la economía reclamará en su momento. Pero hay además otro factor clave. Dadas las últimas revelaciones acerca de la participación de grupos delictivos como los Zetas en el contrabando de personas, es urgente que paralelo a la reforma migratoria se profundicen los programas de cooperación en materia de seguridad entre EEUU y México. Hay que incrementar la coordinación de los servicios de inteligencia y de contrainteligencia para descubrir a policías y políticos corruptos que les protegen, detener el tráfico ilegal de armas a los grupos criminales y establecer programas de entrenamiento intensivo de fuerzas de elite policíacas mexicanas. Una reforma migratoria integral y más cooperación en materia de seguridad son los reclamos que dictan los nuevos datos del Pew.
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