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No hay que adelantar vísperas

No hay que adelantar vísperas

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La historia, dicen los agoreros, está en contra de los demócratas. Desde hace 75 años, sólo dos veces el partido del presidente en turno ha salido bien librado en las elecciones intermedias. Hoy, la mayoría de las encuestas predicen que este 2 de noviembre no será la excepción porque los republicanos aventajan por 12 puntos a los demócratas.

Los votantes, dicen las encuestas, culpan al presidente Barack Obama y a la mayoría demócrata en el Congreso por los altísimos niveles de desempleo en el país, que actualmente ronda el 10%.

Las cifras del desempleo son reales y por tanto indiscutibles pero cargarle la cuenta entera a los demócratas resulta excesivo e injusto. También es cierto que en este momento los norteamericanos están pasando por una época de incertidumbre económica, pero utilizar esta incertidumbre real para fomentar una corriente de opinión en contra de los históricos triunfos legislativos del presidente Obama, como han hecho los republicanos y sus cajas de resonancia en los medios archiconservadores, es infame. Obstinados en su campaña de difamación, estos mismos medios han logrado hacerle creer a uno de cada cinco americanos que el Presidente no nació en EEUU y que es musulmán.

La gran paradoja es que la crisis económica que hoy enfrenta el país no la crearon ni Obama ni los demócratas sino George W. Bush y los republicanos. Y más curioso es que aun cuando las ganancias de las corporaciones han ido creciendo a ritmo acelerado este año, siguen rehusándose a contratar personal y a invertir en sus negocios argumentando que su prudencia la dicta la incertidumbre con la que todos los norteamericanos ven el futuro. ¿No será también que ya encontraron la manera de exprimir al máximo a sus empleados para seguir ganando más con menos personal?

En lo referente a la crítica al Congreso actual, lo que los demócratas deben hacer es recordarles a los votantes que por más mal que ellos hayan actuado, lo que han hecho los republicanos es infinitamente peor. Por razones políticas espurias los republicanos no han sido una oposición constructiva, diciendo no a todo y sin ofrecer una agenda de trabajo que muestre sus alternativas.

En el caso de la reforma sanitaria aprobada hay que admitir que tiene varias fallas, por ejemplo, no le brinda cobertura al 100% de los estadounidenses, pero también habría que reconocer que la oferta en términos de cuidado de la salud es infinitamente más racional, humanitaria
y compasiva que la que se ofrecía antes.

Y algo semejante podría argumentarse en el caso de la reforma financiera, que si bien no controla, regula o previene totalmente el abuso de banqueros e instituciones financieras del país, por lo menos ahora hay ciertos controles y reglas para mitigarlo.

Para que las predicciones se hagan realidad en estas elecciones en las que se renuevan todos los escaños de la Cámara de Representantes, un tercio del Senado y se eligen a 34 gobernadores, los republicanos tendrían que ganar 39 curules en la Cámara Baja y 10 en el Senado.

Lo prudente, sin embargo, sería no adelantar vísperas. Lo que los demócratas necesitan desesperadamente es que el Presidente recupere la elocuencia perdida para explicarles a los votantes por qué está el país en esta situación, y convencerles de que las medidas que ha tomado y las que está por tomar son las que repararán el desastre económico en el que las mayorías y el ejecutivo republicano dejaron al país.

También es imprescindible que el Presidente y los candidatos demócratas les expliquen a los votantes independientes, que son quienes tienen el poder para decidir la conformación del Congreso, el peligro que representan los extremistas de derecha que hoy se agrupan en torno al llamado Tea Party, y la enorme posibilidad de que a cambio de sus votos el Partido Republicano se radicalice aún más dando cabida a las estridentes propuestas xenofóbicas, antiinmigrantes y divisorias de los extremistas.

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