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La derecha parece haber despertado a la noción de que quizás Gingrich sea su nominado. La alternativa es quedarse con Romney. Es un panorama inquietante. Los delanteros son de dudosa autenticidad, dos oportunistas que dirían casi cualquier cosa que les gane apoyo. Gingrich, buscando el voto judío, ha dicho que el pueblo palestino es una invención. Equivale a Ahmadinejad diciendo que el holocausto es una invención. Gingrich tiene trapitos sucios desperdigados por todos lados, tantos que se puede contar con que vayan apareciendo de aquí al día de la elección. Fue censurado cuando se desempeñaba como líder republicano en la Cámara de Representantes. De los republicanos que ayudó a elegir en 1994 con ‘su’ Contrato con América, ni uno, hasta el momento, lo ha endosado. El contrato, atribuido a Gingrich en 1994, fue escrito por Larry Hunter, un politicólogo cuyos laureles se llevó Gingrich. El Contrato con América le dio mayoría a los republicanos en la cámara baja, e hizo de Newt su líder. Es un hombre de creencias grandiosas en sí mismo y su destino. Los errores que ve en otros no los nota en su propia persona. Estando casado tuvo relaciones con una empleada del Congreso, Calista Bisek, su actual esposa. Sus dos últimas mujeres fueron previamente sus amantes mientras estuvo casado. Gingrich conducía y ocultaba su romance con Calista al tiempo que lideraba el ataque a Bill Clinton por el affaire Lewinsky. Es el hombre que gente como Limbaugh ve como preferible a Romney. Gingrich y Romney son dos oportunistas con una diferencia entre ellos, la grandiosidad y grandilocuencia de Gingrich, que seguramente hace que Rush Limbaugh vea en él a un hermano espiritual. Newt necesita lavado inmediato. Ralph Reed, primer director ejecutivo de la coalición cristiana, ha salido a lavarle la cara, el cuerpo, la ropa y sus trapitos sucios. Rush y Ralph, esta pareja fonética, está en campaña para darle una nueva imagen, limpia y resplandeciente, a su campeón. Ralph Reed, espada del evangelismo político, es ideal para olear, sacramentar y certificar a Gingrich como hombre de valores familiares y cristianos. Necesitará trabajar duro. La posible nominación de Romney altera tanto a los conservadores que estos parecen listos para saltar del sartén al fuego. Romney es demasiado liberal para el conservadorismo. Apoyó la unión civil de gays y lesbianas, el derecho al aborto y el control de armas. Habrá repudiado su liberalismo anterior pero los conservadores en el partido del elefante tienen, después de todo, memoria de elefante. Los combustibles fósiles y la poca regulación de emisiones industriales son, para Romney, causa principal de un calentamiento global que él considera real. Implementó el seguro médico universal de Massachusetts sobre el que Obama modeló su reforma de salud. Complicando las cosas está la fe mormona de Romney, no aceptada como cristiana por un amplio sector del conservadorismo evangélico. La derecha tendrá que elegir entre aceptar a Romney y respaldarlo, o alzar la bandera de Gingrich, una opción entre dos personajes de dudosa actuación, aunque por diferentes motivos. Michelle Bachmann ha calificado a Gingrich como modelo del mal que aqueja al capitalismo. Gingrich, dice, ejemplifica la manipulación del sistema por parte de individuos bien conectados. La sospecha es que los dos punteros son como el camaleón, que cambia de colores según la ocasión. Hubo un tiempo en que Gingrich apoyó la idea de un seguro médico obligatorio para todo aquel que ganase más de 55 mil dólares al año, y se sentó con Nancy Pelosi para grabar un video de concientización sobre el calentamiento global. Gingrich, para alguien que quiere rescatarnos del desastre hipotecario, no solo se benefició de este sino que contribuyó a él, sirviendo a dos empresas creadas para solventar el sueño de la casa propia. Fue partícipe en el drama de las hipotecas y se benefició de este con dinero en siete cifras. Tampoco hay gente más engañada que aquella que hace de su propia persona un engaño. Es el caso de los punteros. Romney y Gingrich parecen más interesados en crear una imagen suya que en comunicar la realidad de quienes son. La contienda republicana está en crisis. Los líderes republicanos no saben como salir de esta alternativa imposible, o Gingrich o Romney. Si esto no hace despertar a los conservadores, entonces después de todo, quizás no vuelvan a la Casa Blanca en esta elección. Están en tremendo dilema. Han caído en una trampa de su propio hacer, una trampa republicana.
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