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Inmigraña

Inmigraña

Guillermo Descalzi
El candidato airado

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Inmigraña es lo que me dio el Presidente con su discurso de inmigración. Es mezcla inmigración y migraña. Es una inmigraña. También es una vergüenza. Disculpen si suena mal, pero es que algo está mal, muy mal. Recuerdo una entrevista de Obama con Jorge Ramos en el 2008, cuando el presidente aseguró (unos dirían que prometió) tratar el tema de una reforma migratoria en el primer año de su presidencia.

Finalmente, acercándose a la segunda mitad de su segundo año, se presentó a hablar del tema. No ofreció más que palabras. Es como si estuviésemos en una película donde el presidente hace el papel de Rhett Butler, y nosotros, los inmigrantes con o sin papeles, como los habitantes del Sur en Lo que el viento se llevó, buscando salvación en personajes como el protagonizado por Clark Gable. ¿Obama como Clark Gable? Resulta claro, en Lo que el viento se llevó, que la salvación que buscaba Rhett Butler por encima de todo era la suya. Igualmente en esta película con Obama, que podríamos titular La Inmigraña que nos dio, la salvación que busca el Presidente parece ser primero que nada la suya.

Si quisiese lograr algo concreto hubiese propuesto algo. No propuso nada. Se limitó a dar un discurso largo en verbo y carente en acción. No llevará a nada ni entre republicanos ni demócratas. Dio su discurso para salvar la cara. Por si no estuviese claro lo importante que es para el Presidente salvar la cara, él no es un presidente que guste de correr riesgos. Los que creyeron que Obama desafiaría el status quo parecen equivocados. En poco más de un año y medio en la presidencia no ha dado un paso que no sea en tierra firme.

Dio un tremendo discurso para salvar la cara. Hay un detalle importante que fundamenta esta aseveración: que en el primer año de Obama hubo más deportaciones que en el último año de Bush, y en este segundo año Obama ya está batiendo su propio récord del primer año. Sí, dijo cosas como que ``deportar a once millones desgarraría la nación' pero mientras tanto el ritmo de las deportaciones sigue en aumento. Sugirió que el gobierno federal se haga responsable de la seguridad fronteriza, que las empresas que violan la ley al emplear indocumentados tengan que enfrentar su responsabilidad, y que los indocumentados enfrenten consecuencias por sus acciones antes de beneficiarse de cambio alguno
en su estatus migratorio.

Es casi lo mismo que dijo George Bush en un discurso suyo pronunciado en el 2006. ``Este discurso, palabra por palabra, fue el pronunciado por Bush hace cuatro años. Simplemente nos copiaron', escribió Matt Latimer, escritor de discursos en la administración de Bush. La Casa Blanca niega la acusación, pero el hecho queda allí de que ambos discursos fueron igualmente floridos en palabra y cortos en semilla. Obama tocó todos los botones que debía tocar sobre una reforma migratoria pero el reto es hacer algo. ``¿Tendremos la valentía y la voluntad política para hacerlo?', preguntó el Presidente. Allí, como diría Cantinflas, está el detalle.

La figura de Cantinflas trae a colación el calificativo de payaso que alguien del entorno del general McChrystal le dio a uno de los asesores de Obama. Es un calificativo que retrata a quienes buscan sonrisas en el público, y es lo que la administración parece buscar por encima de todo. Sonrisas o, de ser posible, rostros llenos de felicidad.

Eso no lo está logrando. Lo que sí está logrando, al menos en inmigración, es darnos una tremenda inmigraña en ambos lados de la disputa. Lean si no esta reacción en un correo electrónico en la página de Univisión: ``Los ilegales no pagan taxes, trabajan para ganar en cash (en efectivo), usan las escuelas y dañan los districtos [sic] escolares, lunches GRATIS en las escuelas, servicios médicos GRATIS, welfare GRATIS, No pagan hospitales, servicios de bomberos, policías, calles, trencitos, parques, manejan sin seguro, etc., etc., etc., y todo el dinero que hacen se los mandan a sus países de origen. NO aportan nada a USA!'

Eso entre los que se oponen a una reforma. Entre los que la apoyan alguien escribió lo siguiente: ``quedras [sic] decir los 46.5 millones de ilegales no 11 millones como tú dices'. Como verán, no saca sonrisas en nadie, ni en los de ``aquí' ni en los de ``allá'. La administración parece no tener intención de correr riesgos. Parecen no darse cuenta que el rostro que están asumiendo es el de buscadores de sonrisas, esos personajes que aparentemente predominan en el circo de tres pistas que son el ejecutivo, el legislativo y el poder judicial en la gran carpa del poder en Washington. ``Sonrisas nada más entre tu vida y la mía', está bien pudiese ser la línea principal en la música de la película La Inmigraña que nos dio.
Mientras tanto déjennos tranquilos, que estamos con inmigraña, por favor.

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