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Si se preguntan qué tienen que ver Obama y Benedicto XVI el uno con el otro, la respuesta podría estar en que ambos son víctimas de un derrame. Obama es víctima del derrame petrolero en Louisiana. El Papa es víctima de un derrame de sentido común en la Curia Romana. Ambos son víctimas, en ambos derrames, del enorme poder de la inercia. La inercia en la doctrina y el dogma que orientan el catolicismo, y la inercia en la industria de extracción y procesamiento de petróleo. Obama y el Papa, ante el desafío que enfrentan, han hecho lo previsible y anticipado más no lo audaz. Obama, y ``su'' derrame en el Golfo de México, son ejemplo de esto. La suya es una respuesta inútil, tratar de contener el derrame, lo que equivale a poner curitas sobre un cuerpo con enfermedad incurable. Lo mismo parece estar haciendo Benedicto XVI con los escándalos de pedofilia que amenazan al menos con empañar su pontificado. La situación exige no la puesta de curitas sino la remoción de la enfermedad; en el caso de Obama la remoción del petróleo de la base energética del mundo, y en el caso de Benedicto la remoción de los pederastas. El petróleo puede y debe continuar sirviendo, pero no es posible que continúe en su rol de propulsor del mundo. El petróleo moviendo al mundo es como la cola moviendo al perro. Es hora de corregir ese absurdo. ¿Qué pasó con el cambio que prometió Obama en el área de combustibles? Su falta de atención al tema no se le puede atribuir a los republicanos. ¿Dónde está el movimiento hacia una nueva fuente de energía que insinuó a lo largo de su campaña? ¿Dónde está? Está en el fondo del golfo de México, arrastrado por el enorme poder del complejo petrolero-industrial que mueve y domina la economía mundial. Obama se ha desviado de lo que prometió hacer, y lo ha hecho como un ingenuo. Es como si ni se hubiese dado cuenta de la oportunidad dorada que presenta el derrame para promover el cambio. Así de ingenuos parecen ser él y su administración. En el caso del Papa, ojalá pudiese decirse que se trata de simple ingenuidad. En el caso de Benedicto se trata de un avasallamiento milenario de la espiritualidad a manos de la religiosidad en el Vaticano. La religión ordena, y el espíritu la carga. El espíritu católico como portador de su religión está tan fuera de lugar como el petróleo como motor del mundo. Sí, Obama está desperdiciando una oportunidad dorada para cambiar la base energética mundial, y lo que el Papa está desperdiciando es una oportunidad dorada para imbuir nueva vida en el espíritu católico. En el caso de Benedicto XVI el aparente derrame de sentido común en la Curia Romana se da porque en vez de cuidar el espíritu de los católicos, Benedicto lo que parece estar haciendo es cuidar que el daño a sus católicos de carne y hueso no perjudique a su iglesia de rito, dogma y tradición. No cuida el espíritu sino la estructura que lo encierra. De otra manera no se pueden explicar ni su actitud ni sus acciones. Lo último: el Vaticano, tras una carta al entonces cardenal Ratzinger, evitó castigar a un cura pederasta en Wisconsin cuando este le escribió de querer acabar su vida ``en la dignidad de su sacerdocio''. Lawrence C. Murphy abusó de unos 200 niños sordos en Wisconsin durante más de 20 años, según documentos de un caso judicial que se ventila en la actualidad. En 1996 el entonces cardenal Ratzinger era prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Respondió al pedido del padre Murphy con la acción de dejarlo en paz. No respondió ni por escrito ni con acciones a otras cartas, enviadas por el arzobispo de Milwaukee, donde se señalaba a Murphy como autor de los hechos. Pese a repetidas advertencias, optó por acallar el asunto para evitar el escándalo en vez de expulsar al eclesiástico. Los documentos han sido hechos públicos durante un juicio contra la arquidiócesis de Milwaukee. Considerado por unos como responsable del silencio de la Iglesia en relación a múltiples casos de pedofilia, Benedicto XVI está en el centro de la polémica. Ambos derrames, en el Vaticano y el Golfo de México, dejan al descubierto la fuerza de la inercia y lo difícil que es cambiar. Sí, cierto, el cambio es la única constante en el mundo, pero si no se hace lo debido cuando se debe, el cambio que llega lo hace como derrumbe y no como la transformación que se espera. A Obama se le ha empezado a derrumbar su presidencia. Al papa su papado. Ambos harían bien en hacerse de la siguiente frase de Napoleón: ``L'audace, l'audace, tojours l'audace''. La audacia, la audacia, siempre la audacia. Ambos deben ser audaces, en el nombre de Dios y la sociedad civil.
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