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El margen del dos por ciento

El margen del dos por ciento

Guillermo Descalzi
El candidato airado

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Cuando se dé la próxima crisis económica, será cataclísmica. Las crisis y las guerras son periódicas. Hay por lo menos una gran guerra cada cincuenta años, y una crisis económica también. Van de la mano. Las que se están gestando van a quebrar todos los moldes. Si alguien pensara que estamos saliendo de la recesión, pues piénselo dos veces. Recién, señores y señoras, estamos entrando a la crisis. El endeudamiento del consumidor en Estados Unidos palidece frente al endeudamiento de las naciones. En el mundo entero solo hay cuatro naciones sin deuda. Son Brunei, Lichtenstein, Macau y Palau. A todo el resto el agua le llega casi a la nariz.

Hubo un tiempo en que el mundo subdesarrollado o colonial le debía al mundo desarrollado o imperial. Hoy es al revés. Hoy el mundo desarrollado les debe a los demás. Estados Unidos va a la cabeza con una deuda nacional de 13.45 millones de millones de millones para finales del 2009. La deuda americana aumenta al ritmo de dos millones por minuto. En lo que les tome leer este artículo el gobierno se habrá prestado 5 millones más. Le sigue Inglaterra. La deuda inglesa es equivalente al 416% de su producto nacional bruto. Siguen Alemania y Francia. Comparado con esto, las economías de los antiguamente endeudados países pobres parecen sanas.

Sumando las deudas de todos los países y promediándola con el producto anual bruto de todo el planeta se llega a la increíble cifra de 98%. La deuda mundial equivale al 98% de todo lo que produce la tierra en un año, lo que quiere decir que si hoy los países tuviesen que pagar todo lo que deben, para vivir sólo les quedaría dos por ciento de todo lo que hay.

Ese es el nivel real de la liquidez del mundo actual, nada más. Dos por ciento. El mundo está a dos por ciento de distancia del cien por ciento de la debacle, y los gobiernos no sólo no se dan por entendidos sino que se esfuerzan en camuflar la realidad porque a nadie le conviene que la crisis reviente ahora. Que se desate mañana, pero ahora no.

Para evitar la catástrofe se necesita un nuevo modelo económico mundial. El comunismo, como modelo económico, ha muerto. Su inoperancia ha quedado demostrada cada vez que se ha intentado ponerlo en práctica. Lo que hoy está entrando en crisis es el esquema capitalista. El capitalismo
se basa en la premisa no voceada del crecimiento continuo. La deuda sube sin temor porque el producto nacional crece continuamente, y el producto crece porque el consumo aumenta. En el momento en que el consumo deje de aumentar se frena la producción y todo entra en crisis.

Lo que hace falta es un modelo económico que no dependa del crecimiento continuo. La deuda de Estados Unidos se está volviendo insostenible. La falta de solvencia de estados y ciudades tan grandes como California y Nueva York pone de relieve la incapacidad del gobierno federal para resolver la situación. El país está implosionando, y si esto continúa, la caída arrastrará al mundo entero.
¿Cuál es el margen de salvación? Sí, el 2% del producto bruto a nivel mundial, y este dos por ciento decrece porque el consumo merma. Merma porque no hay cómo prestarse más, aun así hubiese dinero real para prestar, que no lo hay. Los grandes emporios del poder tienen que elaborar un nuevo orden. Lo malo es que no hay modelo alterno en perspectiva. Mientras tanto, los cerebros de Wall Street siguen empeñados en llevarse lo que puedan del dos por ciento que queda. ¡Qué importa que los demás se queden en la calle si ellos se van con los bolsillos llenos! Están matando la gallina de los huevos de oro.

¿Cuál será el nuevo orden económico mundial, el novus ordo seculorum que se anuncia en el billete de un dólar? No lo sé, y no estoy capacitado para figurarlo. Si fuera fácil ya alguien lo hubiera pensado. Ante los escollos financieros del mundo actual lo único que permite que siga a flote el gran barco de Estados Unidos es el miedo de los demás a la caída del dólar. Todos están interesados en mantener nuestro país a flote. Eso nos salva por el momento. Mientras tanto, bien haríamos en pensar en un modelo económico que no dependa del crecimiento continuo del crédito para financiar un consumo en expansión continua. El crecimiento continuo basado en la expansión constante es una utopía que ha sido procedente en los últimos cinco siglos porque a partir del siglo XV tuvimos la mitad del mundo, el hemisferio occidental, para crecer. Ya esta mitad se llenó. Ahora hay que ajustarse los cinturones para el viajecito que viene porque por ese dos por ciento que sobra todo el mundo se va a pelear.

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