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Para el indocumentado no hay ley de ajuste, como la de los cubanos, y de eso se trata, de darle su ley de ajuste mediante una reforma de inmigración. Es urgente debido a la furia y el frenesí proteccionista de quienes temen que este país anglosajón, que es el Estados Unidos de hoy, se convierta en un país anglohispano, porque eso es lo que está detrás de quienes apoyan la nueva ley para inmigrantes en Arizona, donde se criminaliza su sola presencia en el estado. Ese frenesí proteccionista de un estado anglosajón mueve a los que se oponen a un ajuste en la ley de inmigración que contemple la regularización del estatus del indocumentado, el que le den papeles. Estados Unidos está destinado a ser una nación anglohispana. La anglohispanización es inexorable a pesar de la oposición tenaz y cerrada de una ultra latinofóbica que alza su cabeza en el resto del país como lo hace en Arizona. La ley latinofóbica de Arizona (eso es lo que es) no sólo le da a la policía el derecho de pedir documentación de quienes pueda haber sospecha razonable de que sean indocumentados, y de detenerlos si lo son, sino que faculta a los demás a demandar judicialmente a los policías que no lo hagan. Aparte de consideraciones morales contra esto, existe también una razón constitucional de peso para rechazar esa ley. El derecho a regular la inmigración no es de los estados sino del gobierno federal. Si fuese de los estados tendríamos 50 leyes de inmigración, una por cada estado del país. La ley que criminaliza a los indocumentados en Arizona es un adelanto de lo que puede llegar a darse en otros estados, y nos ha hecho, como adelanto, un gran servicio: está obligando al gobierno federal a intervenir en defensa de sus propias prerrogativas como gobierno nacional. ¿Qué fuese que cada estado tuviese su propia ley de inmigración? Habría una nueva división, como la que enfrentó a los estados del norte con los que defendían la esclavitud en la guerra civil. Esta vez enfrentaría estados pro y antiinmigrantes. El underground railroad por el cual viajaron al norte decenas de miles de esclavos en busca de libertad podría repetirse con indocumentados huyendo de quienes les quieren privar de su libertad por el solo hecho de ser indocumentados. Sí, a eso hemos llegado. Es absurdo, pero en este país muchas veces ha ocurrido lo absurdo. La batalla por la reforma de las leyes de inmigración ya está perfilada, esta vez no entre demócratas y republicanos sino entre xenófobos, que temen la latinización del país, y los que buscan una solución que no nos cause daño moral porque la exclusión de millones, no existe duda alguna de esto, causaría grave daño moral al país. No somos un estado ni nazi ni comunista. En la Alemania nazi llevaron millones en trenes de carga al matadero. En la Unión Soviética también. En la primera los mataderos se llamaban campos de concentración. En la otra eran gulags. Si fuéramos a echar a los millones de indocumentados que viven en el país, tendríamos que implementar algo parecido. Aquí sólo cabe hacer dos cosas. Una es poner fin a la entrada de indocumentados. Ningún país que se respete a sí mismo puede tolerar una violación masiva de su derecho como la que ocurre diariamente en nuestra frontera con México. Es algo que debe parar. El gobierno federal debe hacer lo necesario para ponerle fin. La única solución lógica, la única salida moral, el único remedio legal, pasa a través del cierre de la frontera, y de la legalización, por cualquier nombre, de los que ya están acá. En el país se va a librar muy pronto una batalla monumental que opacará la que se dio en la reforma de salud. Va a tener latinófobos-anglófilos en un lado, y en el otro aquellos que buscan que nuestro país vuelva a ser aquello que prometemos cada vez que recitamos el juramento a la nación, que ésta sea ``One nation, under God, with liberty and justice for all''. Una nación bajo Dios, con libertad y justicia para todos. Para todos. Para todos los que están acá, y los que no están, que no entren en adelante si no lo pueden hacer legal y procesalmente. Hay que actuar en defensa de los que están, de todos los que están.
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