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``No creo que haber nacido en Perú tenga relevancia alguna, a los efectos de la obra a la que parece haber consagrado su bellaca existencia: propalar el evangelio pagano (y malévolo) del tirano comunista en la Casa Blanca desde su espacio acá. Guillermo Descalzi en un vulgar agitpropista del régimen bolchevique que nos quieren imponer''. ¿Tirano comunista de la Casa Blanca? ¿Régimen bolchevique que nos quieren imponer? ¿De qué habla esta persona? ¿En qué planeta estará viviendo? Esto lo escribió un lector después de mi más reciente columna. Muestra lo que me preocupa: el extremismo y la falta de racionalidad de la ultraderecha. No es nada nuevo. El país ha estado así de dividido, y más aún, en ocasiones anteriores, y siempre que ha estado así ha habido conflicto. Lo hubo en la época de la guerra civil y luego durante la guerra de Vietnam. Esta gente, cuya visión la lleva a ver en la Casa Blanca a un tirano comunista, padece de lo que ellos acusan. La mayoría somos así. Vemos en otros aquello de lo cual nosotros padecemos. Padecen de tal intransigencia, irracionalidad y odio, que no se dan cuenta de que la posición antidemocrática que acusan es de ellos y no, como pretenden, de la mayoría que votó por Obama en noviembre del 2008. Sí, mayoría, a pesar de que otro lector me acusa de ``mentir impunemente defendiendo una causa que el 65% del pueblo americano rechaza''. No es mi costumbre responder a críticas, y lo que en esta columna escribo no es por responderles. Es porque me preocupan las consecuencias de la irracionalidad. Hay gentes en el país que hablan de secesión. El gobernador de Virginia acaba de crear un día en honor de la Confederación, como si la defensa de la esclavitud hubiese sido un honor. Rex Rammell, candidato a la gobernación de Idaho, dijo, refiriéndose a las milicias (que él apoya): ``Estas personas quieren mostrar un poco de fuerza tras el escenario. No tengo problema alguno con eso''. Sí, si es que alguno de ustedes pensara que hay quienes alientan el uso de la fuerza, eso, precisamente, es lo que pienso yo. Emanan vinagre y acusan a los demás de ser avinagrados: ``Cantinflas Descalzi es un pelafustán resentido, un tipo avinagrado y misántropo, un patán inepto y retorcido, un marrullero cínico, un falsario sin escrúpulo alguno, un irredimible mamarracho descerebrado''. Debemos tener compasión por quienes están tan avinagrados que no ven el vinagre en sí mismos, pero junto con la compasión hay que alentar la cautela, la extrema cautela ante tal irracionalidad, porque pueden hacer peligrar nuestra democracia. En este país siempre se aceptó que en las elecciones el pueblo elige y el gobierno electo se vuelve gobierno legítimo. ¿Habrá quienes hacen caso omiso de esto? Parece que sí, pero vaya uno a decírselo a ellos. Dirán que son patriotas, y hasta citarán --como de hecho lo hacen-- a Thomas Paine diciendo que hay tiempos en los que para defender la libertad es necesario derramar la sangre de patriotas y tiranos. Sí, porque eso es lo más preocupante de todo. Piensan que están defendiendo la libertad. Dios no quiera, y Dios perdone, a aquellos que lleven sus palabras a la acción, porque eso pareciera ser lo que algunos quisieran hacer. Cuando el río suena es porque piedras trae. No se dan cuenta de que lo que están viendo es su propio reflejo en el espejo. Es inevitablemente así. La realidad que todos vemos es en parte una realidad que nosotros, todos y cada uno de nosotros, proyectamos. Hay un punto de encuentro entre nuestra proyección y la realidad, y esa es la realidad que vemos. Nunca vemos la sola realidad. Vemos una mezcla de realidad y proyección nuestra. Para entender la realidad que la gente ve no basta con la realidad. Hay que buscar el punto focal donde se mezclan la realidad y su proyección. El punto focal en el espejo de la ultra, de cualquier ultra, de izquierda o derecha, está tan tirado para un lado que siempre se ve arrinconada, y utilizan ese arrinconamiento para justificarse. Sí, miren, parecieran decir, sólo nos estamos defendiendo, nada más. No se dan cuenta de que son ellos los que atacan. El país que nosotros vemos no es el país que otros ven. El país de nadie es el país que otros ven. Siempre es, primero que nada, el que uno ve. Eso es lo que lleva la visión de las ultras y los tea-partidistas más allá de la comedia y hace que bordee en la tragedia. Que quiérase o no las suyas también son visiones válidas, aun así sean visiones. Son válidas porque es lo que ven. ¿Qué hacer entonces? ¿Cambiar lo que ven? No se puede. Quienes deben cambiar son ellos. De ellos emana la realidad en el espejo.
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