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Le doy título en inglés a este artículo porque en inglés es que los Beatles popularizaron esas palabras en su canción Come Together, unámonos. Lo hago porque la unión que defendió Abraham Lincoln está nuevamente bajo asedio. Esta vez el arma utilizada es el cinismo. Cuando gritan negro como insulto a unos y homosexual a otro, cuando todo un grupo de congresistas y senadores dice que su objetivo no es otro que el de matar una ley recién aprobada, cuando del recinto de las dos cámaras alientan el odio mientras niegan hacerlo, esto se puede dar sólo con la presencia de un ingrediente: un gran cinismo. Sería fácil arremeter contra los cínicos, pero no sacaríamos nada, y, además, nosotros y los cínicos somos básicamente iguales, procedemos de la misma semilla, compartimos el mismo propósito en la vida, aun así desconozcamos cual sea. Por eso me encanta la canción de los Beatles, Come Together, unámonos. Nos dice así, de manera simple, lo que debemos hacer, sólo que no se trata de un unirse por afuera. Es inútil buscar unión por afuera cuando estamos fragmentados por adentro. La unión a la que debemos llegar es por adentro. La ``otra'' unión, la de afuera, a esa se llega por añadidura. La fragmentación es ``natural'' en la vida, es ``original''. La vida tiene dos procesos, uno de multiplicación y otro de unificación. La inmensa mayoría estamos fragmentados porque nunca hemos avanzado más allá del primer proceso. La multiplicación empieza al instante mismo de nuestra concepción a nivel celular. Llegamos a la vida en un proceso de multiplicación. Regresamos de la vida luego de un proceso de unificación. Al menos así es como debería ser. En la inmensa mayoría sólo se da la primera parte, la multiplicación. Una de las primeras cosas de las que tenemos conciencia es nuestra dualidad. Cometemos el error de creer que somos uno cuando somos varios. Como bebés tenemos un rostro feliz cuando llenitos y secos, y otro cuando mojados y con hambre. De allí en adelante se multiplican las veces en que nos manifestamos como si fuéramos distintas personas. Igual que nos manifestamos como distintas personas, también en nosotros se manifiestan varios seres. Hay por lo menos tres: nuestro ser físico, nuestro ser emocional y nuestro ser intelectual. La unificación implica la unión de las personas y seres en uno. Con ella ingresamos al reino. Antes somos legión. La unificación comienza con aceptación de nosotros mismos y exige serenidad, valor y sabiduría. Serenidad viene de ser, allí empieza, y acaba en el dad de la eternidad: Ser-eni-dad. Es una cualidad compartida del ser y la eternidad. Se da en una escala que empieza en la tranquilidad. Somos tan intranquilos que buscamos tranquilidad en el cambio. Debemos aprender a estar tranquilos sin cambiar, sin movernos, tranquilos por adentro. La serenidad abarca todos los rincones del ser. Si tenemos un rincón oculto sin descubrir, entonces no hemos llegado a la serenidad. Llegar a la serenidad implica descubrimiento interno. Descubrir no es buscar algo nuevo. Descubrir es destapar algo que ya hay, quitarle la cubierta. No hay serenidad sin descubrimiento, y para descubrirse se requiere valor. Valor. Cuando hablamos de valor pensamos en términos de algo que nos hace ``sentir'' valientes. El valor no es un sentimiento. Es cualidad de ser. Lo que llamamos valor está en el campo de vida de todo individuo. En el caso del planeta este tiene un campo que rodea la tierra y repele la radiación del sol. Lo mismo en nosotros. Tenemos un campo de vida que, al igual que el campo magnético del planeta, proviene de nuestro interior, pero sólo se activa cuando lo hemos descubierto. Cubierto ni nos rodea ni nos protege. El tercer requisito para la unificación, la sabiduría, es confundido con conocimiento. Sabio no es quien conoce más. No es más sabio quien más ciencia tiene ni menos sabio el analfabeto. Ha habido épocas en que los grandes sabios no sabían leer ni escribir. La sabiduría se logra interiormente. El conocimiento se logra exteriormente. No podemos conocer sin ir afuera, ni saber sin ir adentro. Habiéndonos aceptado con serenidad, valor y sabiduría, entonces se llega la unificación. Esa es la única verdadera unión a la que se puede llegar. Hoy es obvio que nuestra casa americana está dividida. Comentaristas radiales y de televisión incitan al odio. Líderes congresionales se jactan y enorgullecen de su falta de cooperación colectiva. Nada de esto podemos arreglar por afuera porque por afuera nada nunca termina de arreglarse. El único arreglo verdadero que podemos traer al mundo es y siempre será individual, interior. Los Beatles tenían razón: Come together, unámonos. Dan lástima los Limbaughs y Boehners de la radio y el Congreso, sólo que es una lástima que deberíamos tener por nosotros también, porque somos los mismos, iguales, venimos de la misma semilla y, sepámoslo o no, compartimos el mismo propósito bajo el cielo y las estrellas.
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