|
Quiénes son? Los que no quieren son los republicanos. No quieren decir que si a nada, nadita, de lo que sugieran este Congreso y esta Casa Blanca demócratas. Los que no pueden son los demócratas del Senado y la Cámara de Representantes. No pueden hacer nada, nadita. Dicen que es culpa de los republicanos, a pesar de que ellos, los demócratas, han tenido súper mayoría en el Senado y ni con eso y su mayoría absoluta en la Cámara Baja han podido hacer algo. Y los que no se atreven son los ocupantes de esta Casa Blanca demócrata. No se atreven a hacer nada, nadita, nadititita que antagonice a otros, y entre los tres, los que no pueden, los que no quieren y los que no se atreven, tienen paralizado el trabajo de gobierno en la capital del país. Las filas políticas en Washington son esas tres. En la de los que no pueden, los demócratas están amargados por su incapacidad de hacer nada. Se defienden con su queja de ``no podemos porque no nos dejan, por más que queramos''. En la fila republicana, la de los que no quieren nada con los demócratas, resisten cualquier movida demócrata diciéndoles no en todo. El presidente de esa familia disfuncional que tenemos en Washington entre el ejecutivo y el legislativo, encaja perfectamente en este cuadro. La Casa Blanca no le ha podido atinar a nada, no ha logrado mover a nadie, ni de un lado ni del otro en este Congreso de los que no quieren y los que no pueden. Es la Casa Blanca de los que no se atreven. No se atreven a nada. Quieren dar tal ejemplo de corrección política, tanta corrección, que no se atreven a cruzar a nadie. Quieren todito impecable, casi sin emoción, blanco como la nieve invernal en este primer mandato de una persona de raza negra, y allí quizás esté la primera razón del impasse. Luego está el que Obama quizás sea el primer presidente ``computacional'' del país. Kennedy, todos dicen, fue el primero en dominar la televisión. Obama domina tanto las computadoras, el celular, el teleprompter y demás, que parece incapaz de funcionar sin ellos. Obama, en su búsqueda de actualidad, se pasa de la raya. Era brillante con sus discursos ``hablados''. Es súper aburridor y somnífero con sus discursos ``leídos'' en teleprompter. Es una desgracia para todos porque solo él es capaz, el que no se atreve, de poner fin al impasse en este Congreso nuestro de los que no quieren y los que no pueden. Para eso Obama tendría que dejar de ser el que no se atreve en jefe. Risk it, atrévete, Obama. El lema de la Casa Blanca no puede ser más el yes we can, el ``sí, se puede'' de la campaña, porque claramente se ve que no pueden, porque no se atreven. Su lema debiese ser what do I care, qué me importa, qué me importa cruzar a tal o cual con tal de sacar adelante los intereses del país. Los intereses de la nación, las necesidades del momento, los proyectos que debieran emprenderse, todo está paralizado en la inacabable disputa entre los que no quieren y los que no pueden, con la impotente intervención de los que no se atreven. Dan vergüenza. Dan vergüenza nacional, por el país, Estados Unidos, por tener un Congreso incapaz de hacer nada y una Casa Blanca paralizada. Hay niños de ocho años con más madurez. Mientras tanto, Barack Obama parece haberse vuelto Cordelio Obama, el león cordero Obama, elegido como león pero trasquilado como cordero. ¿Podrá cambiar a tiempo? Se fue la cuarta parte de su primer mandato si es que llega a tener un segundo. Tempus fugit, el tiempo se fuga, se escurre entre las manos. Eso lo sabía Marco Aurelio, emperador de Roma entre el 161 y el 180 de nuestra era. También sabía que aquila non capit musca, que las águilas no cazan moscas, pero Obama parece tan preocupado por las moscas que revolotean sobre su pastel en el Congreso que no atina a nada. Obama, aquila non capit musca, el águila no se dedica a las moscas, pero, ¿sabrá cómo dejar de hacerlo? Mientras siga siendo el no se atreve en jefe, en el Congreso seguirán los que no quieren y los que no pueden, impávidos sin hacer nada mientras el pastel se va derecho al basurero, mosqueado después de tanto tiempo sin servirse. Vivan las moscas. Mientras el mundo entero disfruta ahora de Avatar, el gobierno parece haber quedado en 1990, cuando se estrenó la película Lord of the Flies, el señor de las moscas, de un grupo de chiquillos en una isla que degeneran hasta llegar al salvajismo. Lord of the Flies, el jefe de las moscas en Washington, ¿degeneraremos allí al salvajismo político?
|
|