|
Un sinónimo de atorado es tupido. Lo tupido puede decirse que está atorado, que algo no entra o no pasa por ello. La política republicana en el Congreso del país es tupida. Es, a todas luces, una política de atoro y bloqueo a los demócratas, lo cual estaría bien si se tratase de un partido de fútbol, pero se trata de la vida del país, y una política de atoro y bloqueo es tupida. Al que es tupido sencillamente no le entra razón. Estupidez viene de eso. Ese es el origen de la palabra, su etimología. Propiamente hablando la política republicana en el Congreso es tupida porque es una política de atoro y bloqueo. Los ejemplos abundan. Bloqueo a la reforma de salud, bloqueo a la tan sola idea de una reforma migratoria, no a la reforma regulatoria, y no al rescate de Wall Street. Es no, no, no y no, por allí no entra nada. De todo esto lo más sorprendente es el no al rescate de Wall Street. Los republicanos supuestamente son defensores del capitalismo. Que digan no al rescate del capitalismo, que lo atoren y bloqueen es... tupido. Va en contra de la más básica de las posturas republicanas, la defensa y aliento del capitalismo. ¿Por qué lo hacen? Por bloquear a los demócratas nada más, y eso es tupido, muy, muy tupido. Inventan razones para evitar que digan que es tupido, como decir que la ayuda a Wall Street atenta contra la libertad de empresa. Es el mismísimo argumento que esgrimen para oponerse a la reforma regulatoria del sistema financiero del país. Es como si no quisieran entender, por tupidos, que la falta de regulación nos llevó al caos que exigió el rescate de Wall Street. Se necesita Drano en Washington, ese líquido que utilizamos para desatorar nuestras tuberías, Drano y Roto Rooter políticos. El plomero de Washington, Obama, o no sabe utilizarlos o no quiere o no puede hacerlo, y a fin de cuentas quienes pagan por el atoro y se quedan con su pestilencia somos el pueblo americano, nosotros, usted, yo y todos los ciudadanos del país. Todos sufrimos las consecuencias del atoro, de la tupidez en el Capitolio. No son los representantes y senadores republicanos quienes van a ser tachados y rechazados por esto, sino más bien Obama, nuestro plomero de Washington, y los demócratas, por no saber, no querer o no poder desatorar el sistema. Ahora, vamos a lo que nos concierne en estos instantes, algo a todas luces tupido, la gran oposición republicana y conservadora a la reforma de salud. El desatoro podría darse en su versión final, reconciliada entre Cámara y Senado, pero para eso tiene que haber alguien que no tema meter la mano en el agua putrefacta de las cloacas atoradas en Washington. Es como ponerle el cascabel al gato. Todos los ratones quisieran hacerlo pero nadie se atreve a ello. Todos también entre los demócratas quisieran desatorar la reforma de salud, pero nadie se atreve a hacer lo necesario, empezando por el presidente Obama. El gato en este caso es Lieberman y nadie se ha atrevido a hacer lo que se debe hacer para ponerle el cascabel, neutralizarlo. ¿Cómo? Haciéndolo ver la realidad, wake up and smell the coffee, señor Lieberman. En su nativo Connecticut, el 68% del electorado, según una última encuesta, se opone a su oposición. Dos negativos, negativo por negativo, dan un positivo en matemáticas. Debe de ser también así en política y entonces habría que negársele todo a no ser que cambie, negársele su inclusión en el concilio --el caucus-- de los demócratas. Negarle su antigüedad, el seniority, que le da prominencia y liderazgo; hacerle ver que se quedará sin nada si persiste en portarse como republicano entre los demócratas, porque si bien no entenderá a razones --por tupido quizás-- , sí entenderá la amenaza de quedarse fuera de la arena política. Los gatos se ahuyentan cuando el perro ladra, pero en este caso el problema es que Obama, el plomero Obama, ni ladra ni muerde. Ojalá Obama se portase como debiese. Si lo hace salvaremos la reforma de salud y salvará también lo que quede de su presidencia, porque si la reforma de salud que firme es una reforma insignificante, su presidencia se volverá igualmente insignificante. A Obama, los demócratas y los liberales, les hace falta pantalones. Alguien le tiene que poner el cascabel al gato y ese alguien es y le corresponde ser a Obama. Sería una pena que el primer presidente de raza negra acabe siendo una gran desilusión. Sería en verdad trágico. Ojalá no sea así y termine victorioso en salud en lo que falta antes de que presente ante el Congreso su informe sobre el estado de la Unión. Espero, fervorosamente, que cuando lo presente no sigamos con una política tupida en el Capitolio.
|
|