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Los senadores demócratas de nuestro país, al menos 56 de ellos, andan con miedo, miedo a los conservadores. Si no fuera así, ¿por qué entonces se agachan y retuercen para que sobre ellos caminen tres demócratas conservadores y un independiente también conservador? Digan lo que digan, ``el arreglo'' en la cámara alta para aprobar la reforma de salud huele a rendición para ganar. ¿Rendición para ganar? ¿No se darán cuenta de lo absurdo de eso? Quizás se engañen diciéndose que lo que hacen es apaciguamiento para no perder. Si no, ¿de qué otra manera se explica que hayan anulado la opción pública en la versión del Senado? Porque, no lo duden, la opción pública no existe en la nueva versión. Lo que existe es una opción privada disfrazada de non profit, sin fines de lucro, un lobo disfrazado de cordero. Disfrazado o no, este lobo se los va a comer a no ser que se pongan las pilas y se les prenda la lamparita. Es una vergüenza que tras todo lo dicho y hecho el liderazgo demócrata del Senado acepte que cuatro individuos impongan su voluntad sobre 56. Esos cuatro, si terminan logrando la sumisión de la mayoría demócrata, acabarán imponiendo su voluntad sobre el país entero. Suena a Neville Chamberlain redivivo entre los demócratas. Chamberlain apaciguó a Hitler. El liderazgo demócrata apacigua a la pandilla de cuatro. ¿Será que no entienden que la táctica del apaciguamiento no lleva nada más que a una demora de lo inevitable? Parece que Obama no entiende. La responsabilidad es suya. Ha brillado por su ausencia en el debate sobre la opción pública, quizás con la esperanza de no crear el rechazo que los Clinton causaron cuando intentaron su reforma de salud. Quizás, pero si fuese así entonces Obama se fue al otro extremo, abandonando los remos de la barca de reforma, dejándola a la deriva. Se distanció tanto del proceso que se volvió, para todo efecto práctico, inefectivo. Ojalá haya marcha atrás, hacia un reencuentro con la opción pública cuando las versiones de Cámara y Senado entren a conferencia de reconciliación. Si en la versión final se reincluye la opción pública, entonces todo acabará bien. Si no, la victoria que logren Obama y los demócratas será una victoria pírrica porque quienes habrán ganado serán las compañías de seguro. Es probable que así sea, que los demócratas, con tal de sacar algo, vayan a aceptar su humillación. No puede ser otra cosa más que humillación que 54 demócratas moderados y liberales se tiren al suelo para que sobre ellos caminen los cuatro conservadores ante los cuales presentan esta versión nevillechamberlinesca de apaciguamiento legislativo. Hay dos elementos más que son dignos de mención en esta ``solución'' en el Senado. Una es la ampliación del Medicare a los mayores de 55 y menores de 65, que podrían entrar, pagando. Es un elemento válido, pero mejor sería si estuviese al alcance de todos. El otro elemento es el del ``gatillo'' que ``dispararía'' la opción pública si los seguros privados no moderan sus instintos y siguen en su explotación, por motivos económicos, de la salud del país, porque sí, es una explotación de la salud del país, de la salud económica del país, lo que han venido haciendo, y ni qué hablar de la salud de los asegurados. El elemento ``gatillo'' tendrían que ``apretarlo'' los mismos senadores y congresistas que hoy se agachan ante las fortunas que las empresas de seguro médico donan a sus campañas. El que ellos aprieten el ``gatillo'' es tan probable como que se dé un día frío en el infierno. Por otro lado, si bien el arreglo del Senado representa apaciguamiento, si es que este fuera una táctica para aprobar algo que luego será ``corregido'' en conferencia bicameral, en ese caso el arreglo puede ser inteligente. Desgraciadamente es un arreglo ingenuo, y no hay virtud en la ingenuidad. La ingenuidad es más bien un vicio y de eso peca la mayoría demócrata del Senado. Lo que ha de ser será y el desenlace de esta batalla legislativa será crucial no sólo para demócratas y liberales, sino también para republicanos y conservadores. Si los primeros pierden y los últimos ganan, entonces todos, absolutamente todos, sufriremos las consecuencias de lo que hicieron, empezando por ellos porque su ``victoria'' tendrá un elevado costo electoral. Así las cosas, lo que se vendría en las ``otras'' reformas que se avecinan sería igualmente cosmético, reformas cosméticas más que reales. Lo que a la comunidad hispana tanto le urge, la reforma migratoria con una vía de arreglo para el estatus legal de millones de indocumentados, eso, si no se logra ni siquiera una opción pública en salud, esa reforma migratoria será muy difícil que incluya un camino a la legalización. Pero ese es otro tema, y por ahora estamos en lo de la salud. Con la reforma de salud la administración Obama o bien aprende a ganar o se acostumbra a perder.
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