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Hace unos días leí una noticia titulada: ``Deportado por error''. De inmediato pensé que ese titular no debería existir, es decir, que un hecho así nunca debería suceder. No deberían existir errores cuando de separar familias se trata. Al igual que no deberían existir errores cuando de encarcelar a personas se trata. Pero la realidad es que existen esos errores y, como bien diría el dicho, ``nada'' ni ``nadie'' es perfecto. El problema real viene cuando ese ``nada'' o ``nadie'' se niega a mejorar. Muchos de estos errores ni siquiera salen a la luz pública. Se estima, según expertos, que anualmente en Estados Unidos hay más de 1,000 casos de personas encarceladas injustamente o deportadas injustamente. Algunos logran quedarse en Estados Unidos mientras los procesan, pero otros se van. En el sistema de inmigración actual hay papeles perdidos, nombres de personas que no aparecen, casos que se quedan en el olvido, asilos políticos que procesan por sorteo y per sonas que según ellos ni siquiera aparecen en el ``sistema'' de computador, alien numbers que no concuerdan. Y ni hablemos de la cantidad de casos que están atrasados y todo el dinero que un extranjero se gasta para ser residente de este país. En plena crisis económica y cuando muchos creen que las personas de fuera no van a querer seguir viniendo a Estados Unidos a buscar una vida mejor porque aquí ya no hay la misma cantidad de empleos que había hace diez años, el sistema de inmigración no se renueva. Subieron sus precios hace un par de años para reorganizarse y supuestamente mejoraron su página web, cambiaron de nombre, pero de allí no fue más. Los activistas que defienden a los inmigrantes temen que las autoridades federales estén apretando de nuevo, y entretanto un grupo de congresistas demócratas prorreforma migratoria presentan un programa de protesta para el año entrante. El titular ``Deportado por error'' venía de la noticia de José Rodríguez Porto, un salvadoreño que fue deportado por error y regresó a Estados Unidos después de una extensa batalla legal. Ahora dos hermanos venezolanos enfrentaron deportación inminente y el caso ganó atención pública, como el de unos hermanos colombianos en el 2007. El abogado de inmigración Nicolás Olano, experto en defender deportaciones y casos de asilo político, me explicaba que cuando alguien se va del país deportado, tiene que apelar en la corte federal porque la junta de apelaciones pierde jurisdicción, es decir, el proceso se hace mucho más difícil. También me decía que hace unos días Janet Napolitano (directora del DHS) dijo que el próximo año habrá reforma. Si no pasa la reforma de salud, los expertos vaticinan que la Casa Blanca no tendrá el poder político para aprobar una reforma de inmigración. Soy inmigrante y sé la alegría que se siente cuando te llega la tarjetita ``verde'', pero también sé el desprecio que algunos hispanos sufren de parte de oficiales de inmigración, agentes consulares y jueces. Hace poco llamé a pedir una cita para un familiar a la embajada de Estados Unidos en Colombia y la operadora que me atendió el teléfono (que hablaba como una máquina mientras leía un libreto) no sólo fue grosera e indiferente a mis preguntas, sino que además me hizo perder el dinero que había pagado por dicha cita ya que la información que está publicada en la página web es incorrecta. Asimismo lo es en algunos casos la información que el servicio nacional de inmigración da a inmigrantes. Habrá que esperar que esto mejore. ¿Será que para algunos en el servicio de inmigración somos aliens, que puede significar tanto extranjeros como extraterrestres?
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