|
Por optimista que el gobierno esté acerca de la recuperación económica del país, para unos 16 millones de norteamericanos en Estados Unidos el único indicador económico positivo que quieren oír es: “El empleo es suyo.” Con la tasa más alta de desempleo en más de un cuarto de un siglo, la gente está desesperada. La Cumbre del Trabajo en La Casa Blanca es una buena noticia para muchos, pero muchos también están escépticos acerca de los resultados. Pareciera que La Casa Blanca se ha quedado sin ideas sobre cómo crear trabajos y por eso espera algunos consejos de dirigentes empresariales y expertos de negocios. Pero encontrar un trabajo en estos días es bastante complicado, más para algunos que para otros. La situación de un amigo mío, por ejemplo, es para los records. Le llamaré Peter para no revelar su identidad. Peter es un profesional que ha trabajado para varias compañías en su campo; un ejecutivo consumado con experiencia extensa en relaciones internacionales. Hace algunos años Peter decidió hacer un cambio en su vida y en su carrera. Vendió gran parte de sus pertenencias y se trasladó al extranjero para disfrutar de un estilo de vida más pausado y explorar nuevas experiencias profesionales, siempre pensando que si no daban resultado, podría regresar y comenzar de nuevo. Cuando comenzó a quedarse sin dinero, y el trabajo en su nuevo país adoptivo escaseó, se dio cuenta de que era tiempo de regresar a casa. Con su experiencia y los contactos de negocios que había hecho a través de su vida profesional, sería asunto de meses para que impulsara su carrera otra vez. Pero las cosas no resultaron exactamente como él había pensado. Durante meses golpeó en cada puerta, persiguió cada posibilidad, y agotó todas las conexiones, pero nada. Ninguna posición disponible para un hombre que había ayudado a muchos a salir adelante. Qué desagradecidos, pensó. Hasta contrató a un cazador de talentos, pero tampoco en eso tuvo suerte. Peter nunca se había imaginado parado en una cola de una oficina de desempleo para pedir ayuda pero le tocó. Para su sorpresa, fue rechazado. Después de haber estado trabajando durante más de 22 años, contribuyendo con decenas de miles de dólares al fondo de desempleo, no calificó para subsidios de desempleo porque no había trabajado en Estados Unidos desde hace dos años. No tuvo otra opción que la de intensificar su búsqueda de trabajo. Una diferencia notable con su proceso de búsqueda anterior es que ya no se hace con contactos persona a persona. La única manera de solicitar un trabajo en estos días es a través de Internet. Encontrar las oportunidades, enviar hojas de vida y solicitudes, todo a través del Internet, y esperar para una respuesta junto con miles de desempleados más, muchos de los cuales solicitan el mismo trabajo. Dos años después y con 300 solicitudes enviadas, continúa sin trabajo. Tres respuestas a través de email, dos llamadas telefónicas, dos entrevistas, pero ningún trabajo. Fue rechazado hasta por Cuerpos de Paz. Lo consideran sobrecalificado para la mayoría de las posiciones. Probablemente tampoco ayudó que es mayor de 40 años. Por fortuna Peter cuenta con el apoyo de amigos y familia que le proporcionan techo y sustento. Pero lo serio de su situación se hizo evidente cuando cayó enfermo y tuvo que ser sometido a una cirugía de emergencia. Permaneció más de una semana hospitalizado. Sin ningún seguro de salud, por no tener trabajo, este hombre profesional muy culto, tuvo que ser declarado indigente para poder establecer un plan de pago para cubrir el enorme costo de su tratamiento médico. Estoy segura que existen historias similares o quizás más trágicas de norteamericanos desempleados. La pregunta es ¿qué plan de estímulo, qué cumbre del trabajo, qué asesoramiento de un experto puede ayudar a personas como Peter a salir de la situación desesperada en que se encuentran? No importa que tan duro trabaje nuestro gobierno para sacar al país de la crisis económica en que está, no funcionará, a menos que las personas encuentren un trabajo, a estas alturas, cualquier trabajo.
|
|