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Plan B: el Dream Act
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Primero la mala noticia: este año no va a haber una legalización de 11 millones de indocumentados. Y quizás tampoco el otro año. Ni el otro.



Ahora, la buena noticia. El senador Harry Reid, líder del Senado, ``está seriamente considerando poner el Dream Act a votación antes de noviembre'', según me dijo su vocero José Parra. ``El está buscando la certeza de tener 60 votos. Ya está haciendo llamadas pidiendo el apoyo a senadores de los dos partidos. El senador Reid espera que el Dream Act sea la cuota inicial para, eventualmente, tener una reforma migratoria en Estados Unidos''.



Esta es, precisamente, la noticia que durante años han estado esperando muchos jóvenes indocumentados en Estados Unidos. Ya hay una fecha posible. Ahora el problema es conseguir los 60 votos en el Senado.



No habrá reforma migratoria este año. El Plan A fracasó en el 2010. Busquemos, entonces, el Plan B.



El Dream Act, en breve, le permitiría ir a la universidad a miles de estudiantes indocumentados y les otorgaría --tras 2 años de estudios universitarios o 2 años de servicio militar-- una residencia permanente (o green card).



Estos jóvenes indocumentados son inocentes. Sus padres los trajeron a Estados Unidos cuando eran bebés o niños. No fue su decisión. Pero ya aquí hicieron lo que todos los demás: ir a la escuela.



La gran crueldad del sistema educativo norteamericano es que le permitió ir a high school o secundaria a estos jóvenes indocumentados y luego les prohibió ir a la universidad.



El problema es enorme. Actualmente hay más de 2 millones de estudiantes indocumentados que se podrían beneficiar del Dream Act, según el Migration Policy Institute. (Aunque, de acuerdo con sus cálculos, al final sólo serían unos 825,000 quienes potencialmente se convertirían en residentes legales con el Dream Act.)



Este es un problema creciente. Cada año unos 60 mil estudiantes indocumentados terminan high school pero no pueden ir a la universidad. Pacientemente esperaron a que se aprobara una reforma migratoria, siguiendo el consejo de muchos congresistas. Pero estos estudiantes ya se cansaron de esperar.



Si se aprueba el Dream Act, según me comentó Mark Silverman, director del Immigrant Legal Resource Center, sería la primera vez en la historia de Estados Unidos en que son los mismos inmigrantes --y no líderes políticos-- los que logran cambiar una ley. ``Ganar el Dream Act este año es el paso más importante que podemos tomar para una reforma integral en el futuro'', me dijo Silverman.



Aprobar el Dream Act les conviene políticamente a los dos partidos. Los demócratas y el presidente Barack Obama podrían demostrar a los hispanos con hechos, y no con promesas rotas, que de verdad están comprometidos con los inmigrantes. Y los republicanos podrían borrarse la imagen de antiinmigrantes por su apoyo a leyes como la de Arizona y por tratar de quitarles la ciudadanía estadounidense a los hijos de indocumentados.



Todos ganan: los estudiantes, el presidente Obama, demócratas, republicanos y el país.



Ahora falta lo más difícil. Aun si Reid pone el tema a votación en el Senado, por el momento sólo existe un senador republicano --Richard Lugar-- a favor del Dream Act. ``Esto va a requerir que los grupos de estudiantes y la comunidad hispana sigan presionando a los senadores que aún no han dado su apoyo al Dream Act'', me dijo Parra.



La estrategia es muy clara. Hay una muy pequeña ventana de oportunidad para que se apruebe el Dream Act antes de las elecciones del 2 de noviembre. Les toca a los estudiantes identificar a los senadores que no los apoyan, llamarles e ir a sus oficinas y presionarlos para que voten por este proyecto.



Los votantes hispanos también pueden hacer mucho en noviembre: votar por los candidatos, de cualquier partido, que apoyen el Dream Act.



El tiempo de esperar ya se acabó. Plan B. Ultima llamada. Ultima.

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